Nueva York, la urbe que inspiró a la Ciudad Gótica de Batman, acoge a un invitado sui géneris en los claustros del Museo Metropolitano de Arte (The Met Cloisters), en la exposición Seres del mito y la imaginación: Europa y las Américas, que por primera vez pone a dialogar sus colecciones de la América antigua con las de su Departamento de Arte Medieval, junto a préstamos del Museo del Templo Mayor.
La arqueóloga, conservadora y curadora mexicana Laura Filloy Nadal, una de las tres responsables de la muestra, admite cuánto sorprende entrar a la sala donde se yergue por primera vez una escultura de Tzinacantecuhtli, el Dios Murciélago de la cultura zapoteca, al lado de frescos del monasterio español de Arlanza. “Es impresionante estar en la sala con el Dios Murciélago. Lo es desde dos perspectivas: por un lado, veo al Tzinacantecuhtli en su entorno. Se ve cómodo, en confianza, rodeado de otros seres híbridos que provienen de una tradición muy diferente: los frescos del monasterio de Arlanza, en España. Por otro lado, los visitantes que van a los Cloisters esperan ver arte medieval europeo y cuando acceden al vestíbulo inicial, donde se encuentra la escultura, se sorprenden”, comenta a Laberinto Filloy Nadal, quien montó la exposición, abierta del 18 de mayo al 18 de octubre en The Met Cloisters, junto con sus colegas Joanne Pillsbury y Julia Perratore, con quienes se apoyó en la lectura del Libro de los seres imaginarios de Jorge Luis Borges.
La especialista, que entre 2018 y 2025 estuvo a cargo de la renovación del ala Michael C. Rockefeller del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, subraya también la fascinación que ejerce la pieza de cerámica de 207 centímetros, originaria de San Mateo Tezoquipan Miraflores, en el Estado de México, prestada por el Templo Mayor.
Seres del mito y la imaginación: Europa y las Américas muestra seres fantásticos presentes en las artes visuales a lo largo de un milenio, del año 500 al 1500, con un enfoque en las tradiciones paralelas e independientes de Europa y América para investigar las múltiples funciones de obras con representaciones de seres híbridos. Reúne cincuenta objetos, entre pinturas, esculturas, cerámicas, marfiles, textiles y trabajos en metal, la mayoría del Met, que por primera vez exhibe arte de la América antigua en The Met Cloisters.
Hay cuatro piezas prestadas por el Museo del Templo Mayor: tres cuchillos tecpatls de sílex y obsidiana (1502-21) de la cultura azteca, y el Tzinacantecuhtli, que nunca había estado en Nueva York.
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Filloy Nadal enumera otras piezas del mundo mesoamericano que incluye la exposición, pertenecientes a la colección de The Met: un Tlaltecuhtli (1450-1521), escultura en piedra de la deidad azteca que iba siempre oculta; un colgante de serpiente emplumada elaborado en concha (1325-1521), también mexica; un cuenco maya (500-600) de México o Guatemala, y un detalle del Códice Borbónico del siglo XV, facilitado por la Bibliothèque de l’Assemblée Nationale de París.
Seres del mito y la imaginación abre con la pregunta sobre cómo, en América y Europa, las creaturas híbridas podían atravesar los reinos terrenal y sobrenatural y vincular lo mundano con lo divino. “Sus imágenes transmitían doctrina, establecían y reforzaban identidades, definían los límites sociales y cosmológicos. Las enormes representaciones de estos seres se imponían con dramatismo en el espacio del espectador, lo que reforzaba su eficacia como agentes de control social”, señala la curaduría.
Para Julia Perratore, curadora asociada de The Met Cloisters, los seres sobrenaturales y compuestos son figuras clave en la narración de historias, la creación de mitos y la unión entre el cielo y la Tierra. Y, sobre todo, amplían las esferas de acción de sus homólogos terrenales. En la exposición, dice, se explora cómo, en manos de artistas, adquieren corporeidad y participan de la experiencia humana.
A Laura Filloy Nadal y a su colega Joanne Pillsbury, curadora de arte americano antiguo de Andrall E. Pearson de la misma sección, les correspondió presentar la propuesta de la exposición en lo que atañe a las culturas de las Américas.
Pillsbury apunta que las creaturas míticas e imaginarias ofrecen formas de reflexionar sobre cuestiones esenciales: son modos de entender quiénes somos y dónde están nuestros límites. Filloy Nadal subraya que, creadas a partir de elementos de la naturaleza, las creaturas híbridas son sobrenaturales y están dotadas de poderes más allá de lo visible y lo cognoscible.
La arqueóloga mexicana comenta que, hasta ahora, The Met había mostrado la creación artística de dos tradiciones, como la de Europa y la de las Américas, relacionada con seres híbridos. “Esta es la primera vez que se hace una colaboración directa o completa entre la sección de América antigua o de las sociedades de América antigua con el Departamento de Arte Medieval del Met. Es la primera ocasión en la que trabajamos de manera conjunta para presentar una exposición. En otras oportunidades hubo préstamo de piezas individuales, pero nunca colaboración”.
Recuerda su trabajo de la reconfiguración del ala Michael C. Rockefeller y precisa que, junto con Pillsbury, especialista en la región sudamericana, su participación en Seres del mito y la imaginación se enfocó en aportar la perspectiva de las civilizaciones mesoamericanas y del Caribe. Destaca también que, desde su inicio, la exposición debía ser presentada de manera bilingüe, con cédulas en español e inglés. “Una de las ideas fundamentales al estar aquí es hacer que la gente que tiene relación cultural con los objetos que se presentan en el museo pueda acceder a la información de una manera directa y natural. El hecho de que las cédulas y toda la información estén también en español permite que las familias que habitan en la zona aledaña al museo, un barrio sobre todo de latinoamericanos donde el español es dominante, puedan ir al museo, que no suelen visitar, y disfrutar lo que ahí se presenta”. Reconoce, además, que las cédulas en español van a contracorriente de las políticas actuales. “En estos momentos en los que hay tanta incertidumbre y donde uno a veces no se siente en casa, la idea es encontrar un motivo de convergencia, un motivo de identidad, un sentido de pertenencia en estos espacios y piezas”.
Filloy Nadal se licenció de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y cuenta con maestría y doctorado en Arqueología por la Université Paris, Pantheón-Sorbone, además de que ha sido investigadora invitada en las universidades de Princeton, Sapienza de Roma y Harvard, y colaboradora del British Museum.
En Seres del mito y la imaginación se exhiben aves con colmillos, serpientes con plumas, dragones, legumbres con brazos y piernas, como una muestra de que durante milenios los seres humanos han seleccionado y combinado elementos de la naturaleza para dar forma a creaturas sobrenaturales.
La premisa es que los seres híbridos, un fenómeno global concebido desde la imaginación, han desempeñado funciones esenciales en la narración de historias, la formación de la identidad y la unión entre el Cielo y la Tierra, y que, a partir de su forma tangible, han participado en ritos sagrados, animado la vida cotidiana y acompañado a los muertos en sus tumbas
“Las curadoras integramos los temas, cada una en nuestro campo de experiencia, para formular una exposición integral, que presenta no solo creaturas híbridas, sino que en sí misma es un híbrido”, señala la especialista mexicana desde Nueva York. En el primer núcleo se presenta a los seres que poblaban el espacio ritual y litúrgico y que ocupaban también los espacios públicos y asociados a la arquitectura, en unos casos, o a los lugares sagrados como las montañas, las cuevas o los manantiales. “Por eso se eligió exponer la escultura zapoteca del Tzinacantecuhtli, el Dios Murciélago, pues puede dialogar con sus contrapartes en la misma sala, que son parte de las piezas que se ubican permanentemente en la colección de los Cloisters, dos grandes murales con dos seres híbridos. No son contemporáneos, pero ocupaban espacios donde se efectuaban ceremonias públicas, rituales y litúrgicas”, expone.
La arqueóloga agrega que en otro de los núcleos temáticos se aborda la naturaleza recompuesta, la forma en que los híbridos se fusionan con elementos extraídos de la naturaleza y que los artistas recomponían para crear una nueva creatura. “En este caso, elegimos una escultura de Tlaltecuhtli, de la colección del Met. En este núcleo temático tenemos objetos muy pequeñitos y familiares, que quizá se portaban sobre el cuerpo, parte de las insignias y del atavío de distintas esculturas o de personajes de la elite, sobre todo. Ahí tenemos a Tlaltecuhtli, una lápida de basalto y relieve, que en realidad estaba hecha para no ser vista, un elemento que siempre o casi siempre se encuentra oculto a los ojos de los seres humanos y sin embargo está presente bajo las esculturas”, expone Filloy Nadal.
Para la arqueóloga mexicana el núcleo siguiente es la parte medular de Seres del mito y la imaginación. “Se llama Crear lo no creado, es decir, crear aquello que no ves o no es posible que veas. No quiere decir que no creyeran en él, pero ¿cómo haces para crear un objeto de un ser del cual conoces sus partes, pero nunca lo has visto? Requieres de una gran imaginación y un gran talento. En ese núcleo tenemos los tecpatls, que vienen del Templo Mayor, los cuchillos de sílex que tienen ojos y boca humana y son totalmente animados. Puedes imaginarlos con vida y en acción. Sabemos que se colocaban en ofrendas y que eran representaciones de ciertas deidades”.
La última parte de la exposición toca las posibilidades y la diversidad de elementos en las cuales se observan los seres híbridos tanto en Europa como en América. “Ahí tenemos una vasija maya con un ciempiés emplumado, un cuerpo ondulante que tiene las fauces abiertas en las que aparece un joven noble. Es muy interesante porque los ciempiés viven en un estrato donde la vegetación se descompone. Son animales como las serpientes, que trascienden los elementos, los lugares del cosmos, y, a su vez, son seres que ayudan a la regeneración y al renacimiento. Esta vasija formó parte de algún complejo funerario, seguramente tenía alimentos o bebidas, y acompañaba a algún señor en su tránsito al más allá”, añade.
También se encuentra una pequeña y delicada imagen de Quetzalcóatl fabricada en concha, de la colección del Met, en la que pueden apreciarse las extremidades de alguien que nace. “Quetzalcóatl aparece como un dios creador y generador de la vida. Me gusta cómo quedó colocado en la exposición. Al lado vemos una pequeña placa de marfil (1084, Amalfi, Italia), que seguramente formó parte de un ensamble de otras pequeñas imágenes, en la que se muestra el día en que se crearon los animales que poblaron el mundo. Se distinguen un venado, un león, un conejo, pero hay también dos pequeños seres híbridos: un basilisco y un grifo, lo que nos indica que, en la tradición católica, Dios creó a todos los seres que pueblan el universo, sin importar si los ves o no”.
Nadal Filloy sostiene que el tema de los seres imaginarios o híbridos está vigente, sigue siendo tan actual como cuando se crearon las piezas de la exposición. “Tratar de entender la naturaleza y aquello que no podemos controlar sigue siendo una cosa muy actual. Cada una de las culturas busca crear seres que nos ayudan a explicar lo inexplicable”. Ahí está el dragón, un ser que existe en todas las culturas e incluso está vinculado con Quetzalcóatl. “Hemos identificado una serie de dragones. Es muy interesante porque son guardianes en las culturas de Oriente. En Europa, en algún momento se identificaron con el demonio. Un dragón, en los bestiarios medievales, se define como una serpiente alada.
“Podríamos pensar que Quetzalcóatl estaría englobado en esta categoría de seres que pueden trascender los niveles del cosmos, estar en la Tierra y movilizarse en la Tierra, pero también emprender el vuelo y conectarse con todos los ámbitos del mundo. Nos pareció muy lindo y fue una de las cosas que utilizamos durante las discusiones que tuvimos”.
Nadal Filloy recuerda que las tres curadoras se apoyaron en uno de los libros icónicos sobre los seres híbridos y rinde homenaje a su autor, Jorge Luis Borges, en su cuarenta aniversario luctuoso. “Las tres leímos El libro de los seres imaginarios (Manual de zoología fantástica, FCE, 1957). Borges habla precisamente de los dragones. En un momento, dice que ignoramos el sentido del dragón como también ignoramos el sentido del universo. Pero hay algo en los dragones que concuerda con la imaginación de los hombres y que por tanto los hace necesarios. Para escribir El libro de los seres imaginarios, Borges abrevó de la mitología universal, de los viejos tratados. Habló de los dragones como producto del imaginario colectivo. Nosotras vemos en las piezas de la exposición que cada autor, en cualquier lugar del mundo, se inspiró en sus propios referentes para crear con maestría a estos seres”, concluye la arqueóloga, conservadora y curadora.
Milenio