La amenaza sin nombre: qué es la Enfermedad X y por qué la OMS se prepara para ella

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En 2018, la Organización Mundial de la Salud (OMS) incorporó un elemento llamativo a su lista de enfermedades prioritarias: la «Enfermedad X». A diferencia de todas los demás componentes de esa lista, la Enfermedad X no hace referencia a un patógeno concreto ni a una dolencia conocida. Se trata, en cambio, de un concepto provisional: un reconocimiento deliberado de que la próxima gran pandemia podría estar causada por algo que la ciencia aún no ha identificado.

El concepto recoge una verdad fundamental sobre las enfermedades infecciosas: la mayor amenaza puede ser aquella que todavía no estamos vigilando. La Enfermedad X representa la posibilidad de que un patógeno actualmente desconocido para la medicina pueda surgir y propagarse a escala mundial, potencialmente con mayor rapidez y virulencia que cualquier otro que hayamos conocido hasta ahora. También puede referirse a un patógeno ya conocido que haya modificado su comportamiento, volviéndose más transmisible, más grave o con una distribución geográfica más amplia que la que presentaba anteriormente.

Lejos de ser una idea vaga o abstracta, la Enfermedad X cumple una función concreta en la planificación sanitaria mundial. Su inclusión en la lista prioritaria de la OMS indica que los esfuerzos de preparación deben ir más allá de las amenazas conocidas e invertir en herramientas flexibles y adaptables: vacunas que puedan reformularse con rapidez, plataformas diagnósticas eficaces frente a múltiples tipos de patógenos y sistemas de vigilancia capaces de detectar lo inesperado.El SARS-CoV-2, el virus causante de la pandemia de la COVID-19, está hoy ampliamente considerado como la primera manifestación real de la Enfermedad X: surgió de una fuente no identificada y causó una devastación mundial antes de que existiera ninguna contramedida específica. 2]

Por qué la OMS necesita una lista de prioridades

El Plan de Acción para la Investigación y el Desarrollo con el fin de Prevenir Epidemias de la OMS (conocido habitualmente como el Plan Director de Investigación y Desarrollo) se puso en marcha en 2015 a petición de los estados miembros de la organización. Su objetivo central es reducir el tiempo transcurrido entre la identificación de un nuevo brote y la disponibilidad de diagnósticos, tratamientos y vacunas eficaces.

El Plan Director se centra específicamente en enfermedades emergentes graves para las que existe escasa (o ninguna) respuesta médica en este momento. Las enfermedades ya consolidadas que cuentan con sus propios programas de investigación (como la gripe, la tuberculosis o el virus de la inmunodeficiencia humana [VIH]) quedan fuera de su ámbito, no porque carezcan de importancia, sino porque ya disponen de financiación, vías regulatorias establecidas y recursos para el desarrollo de medidas de control. El Plan Director está concebido para resolver lagunas, no para duplicar esfuerzos ya existentes.

Un componente esencial del Plan Director es su lista de enfermedades prioritarias. Esta lista identifica qué amenazas requieren con mayor urgencia inversión en nuevas herramientas, y se revisa anualmente para incorporar los avances científicos más recientes y la evolución de las condiciones reales.

Un método riguroso para medir lo incierto

La revisión de 2018 (la más detallada documentada públicamente) reunió a especialistas en microbiología, enfermedades infecciosas, epidemiología, política de salud pública, sanidad animal y veterinaria, antropología, y defensa y seguridad. Esta amplitud de conocimientos refleja una posición fundamental: el riesgo pandémico no puede evaluarse desde una perspectiva exclusivamente biológica.

El proceso de selección sigue una metodología basada en tres instrumentos principales. En primer lugar, los expertos emplean la técnica Delphi (un método estructurado para alcanzar consensos mediante rondas sucesivas de retroalimentación anónima) con el fin de proponer y reducir el número de enfermedades candidatas. En segundo lugar, se encargan análisis de contexto detallados para cada enfermedad incluida en la lista reducida, que abarcan su biología, epidemiología, características de transmisión y contramedidas existentes. En tercer lugar, se aplica el Análisis Multicriterio de Decisión, un método analítico formal que puntúa cada enfermedad según un conjunto de criterios ponderados, permitiendo que la importancia relativa de los distintos factores quede explícita y sea transparente.

Los criterios utilizados para puntuar las enfermedades reflejan lo que hace que un patógeno sea especialmente peligroso desde el punto de vista de la salud pública. En 2018, el mayor peso relativo se le otorgó a la transmisibilidad de persona a persona, que representó cerca de una cuarta parte de la puntuación total. A continuación figura la gravedad medida en función de la tasa de letalidad. Otros criterios incluyen el grado de contacto entre seres humanos y animales, la capacidad de salud pública de las regiones afectadas, el potencial de perturbación social y el potencial evolutivo del patógeno, es decir, la probabilidad de que cambie y se vuelva más peligroso con el tiempo. Una última categoría recoge factores adicionales como la distribución geográfica, la ausencia de inmunidad protectora en la población y cualquier vinculación histórica o potencial con programas de armas biológicas.

Además, las enfermedades candidatas también se someten a un cribado para determinar si se encuentran dentro del ámbito de aplicación del Plan Director. Por ejemplo, el cólera quedó excluido porque ya existía una importante iniciativa de control a nivel mundial. La leishmaniasis fue redirigida al programa de enfermedades tropicales desatendidas de la OMS. La peste y la enfermedad del virus del Nilo Occidental fueron excluidas mediante votación del comité, al considerar que ya existían contramedidas o que el perfil de amenaza no se ajustaba a los objetivos del Plan Director.

Las ocho amenazas que la OMS vigila de cerca

Tras este proceso, el comité identificó ocho enfermedades o categorías de enfermedades que necesitaban investigación y desarrollo acelerados con carácter urgente. Estas son, sin orden de prioridad: la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, la enfermedad por el virus del Ébola, la enfermedad por el virus de Marburg, la fiebre de Lassa, el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS) y el Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS), las enfermedades causadas por el virus Nipah y otros henipavirus relacionados, la fiebre del Valle del Rift, la enfermedad por el virus Zika y la Enfermedad X.

Cada una de estas enfermedades representa una amenaza significativa. El virus del Ébola y el de Marburg son filovirus que causan fiebres hemorrágicas graves, con tasas de letalidad históricas de hasta el 90 % en algunos brotes. El virus Nipah provoca una encefalitis grave y distrés respiratorio, con tasas de letalidad que oscilan entre el 33 % y el 100 % según el brote. La fiebre de Lassa es endémica en África Occidental, con decenas de miles de casos anuales; aunque la mayoría de las infecciones son leves, la enfermedad grave conlleva una mortalidad considerable. La fiebre hemorrágica de Crimea-Congo se transmite por garrapatas, afecta a una vasta área geográfica que se extiende desde África hasta Asia Central pasando por Oriente Medio, y mata entre el 10 % y el 40 % de quienes desarrollan la enfermedad grave. La fiebre del Valle del Rift afecta principalmente al ganado, pero puede causar enfermedades graves y a veces mortales en seres humanos, especialmente tras episodios de inundaciones que favorecen la proliferación de mosquitos. No solo eso, sino que es la que más de cerca nos toca: a pesar de su nombre, también es endémica en España, con casos documentados de infección desde el año 2016. El virus Zika, aunque típicamente leve en adultos, captó la atención internacional por su asociación con microcefalia en recién nacidos de madres infectadas.

La adición más reciente a la lista es el SARS-CoV-2, incorporado tras la declaración de la pandemia de COVID-19 en 2020.

Lo que los expertos temen más: entre la gripe conocida y la Enfermedad X por conocer

La opinión de los especialistas sobre cuál de estas enfermedades representa el mayor riesgo pandémico revela algunas diferencias importantes respecto a la puntuación formal de la OMS. En una encuesta realizada en 2023 entre 187 especialistas en enfermedades infecciosas de 57 países, llevada a cabo por la red de ensayos clínicos VACCELERATE, los virus de la gripe obtuvieron la puntuación más alta, siendo citados por casi cuatro de cada cinco participantes como una de las amenazas más preocupantes, a pesar de no figurar en la lista del Plan Director. La Enfermedad X ocupó el segundo lugar, seleccionada por casi la mitad de los encuestados. El SARS-CoV-2 y su predecesor, el SARS-CoV, les siguieron de cerca.

La ausencia de la gripe en la lista del Plan Director no es un descuido. Refleja el hecho de que ya disponemos de vacunas, de un sistema de vigilancia mundial dedicado y de una cadena madura de investigación y desarrollo, precisamente las condiciones que sitúan a una enfermedad fuera del ámbito de actuación del Plan Director. 4] Aun así, el consenso de los expertos en torno a que la gripe entraña el mayor riesgo pandémico pone de manifiesto una tensión en el corazón de la preparación sanitaria: las enfermedades mejor estudiadas pueden seguir representando la mayor amenaza, mientras que el trabajo más urgente del Plan Director concierne a enfermedades poco comprendidas y controladas.

Esta tensión es la esencia de lo que representa la Enfermedad X. La lista prioritaria de la OMS no pretende predecir qué patógeno causará la próxima pandemia. Pretende garantizar que, cuando surja algo nuevo y potencialmente peligroso (desde una colonia de murciélagos, un mercado de animales vivos, el cambio climático o un lugar completamente imprevisto), el mundo no tenga que empezar de cero.

Medscape.com

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