¿Dormir con o sin pijama?

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La pregunta sobre si es mejor dormir con pijama o sin él es frecuente en el ámbito divulgativo, pero rara vez se analiza desde una perspectiva fisiológica y de salud pública. Sin embargo, el sueño constituye un determinante esencial de la salud, con efectos directos sobre el metabolismo, la función inmunitaria, el riesgo cardiovascular y la regulación neurocognitiva. Su calidad depende de múltiples factores ambientales y conductuales, entre los que destacan la termorregulación, la higiene del entorno de descanso y el confort subjetivo.

En este contexto, la elección de la ropa de dormir no es un detalle menor, sino un factor modificable que puede influir en la arquitectura del sueño, la continuidad de los ciclos, el descanso percibido y, en determinados grupos, en la salud dermatológica y urogenital.

Termorregulación y fisiología del sueño

El inicio y el mantenimiento del sueño están estrechamente ligados a la termorregulación circadiana. Para facilitar la conciliación del sueño, el organismo requiere una disminución progresiva de la temperatura corporal central, habitualmente en torno a 0,3-0,5 °C. Este proceso se produce mediante vasodilatación periférica y redistribución del calor desde el núcleo corporal hacia la piel, en sincronía con la secreción de melatonina y la activación de circuitos hipotalámicos implicados en la inducción del sueño.

Cualquier interferencia en este descenso térmico (ya sea por exceso de abrigo o por exposición al frío) puede dificultar la conciliación del sueño y aumentar su fragmentación. En este sentido, la ropa de dormir actúa como modulador del microclima cutáneo, influyendo en la capacidad de disipación o retención de calor.

El papel del microclima: temperatura y humedad

Además de la temperatura, la humedad ambiental desempeña un papel relevante. Un entorno cálido y húmedo reduce la eficacia de la evaporación del sudor, incrementando la incomodidad nocturna y favoreciendo microdespertares, así como alteraciones del sueño profundo.

La ropa de dormir, al actuar como capa intermedia entre la piel y la ropa de cama, puede modificar significativamente este microambiente. Dependiendo de sus características, puede facilitar la transpiración o, por el contrario, favorecer la retención de calor y humedad.

Dormir con pijama: ventajas en ambientes fríos

En condiciones ambientales frías, el uso de pijama suele ser beneficioso. Ayuda a mantener la temperatura cutánea estable, reduce la activación simpática inducida por el frío y disminuye los microdespertares asociados a descensos térmicos nocturnos.

Este aspecto es especialmente relevante en personas mayores, con menor capacidad de termorregulación y en niños pequeños, con mayor pérdida de calor relativa.

Desde el punto de vista dermatológico, el pijama también actúa como barrera frente a la fricción con la ropa de cama y contribuye a la absorción de sudor y descamación epidérmica.

El tipo de tejido es determinante: materiales transpirables como algodón, lino o lana merina fina favorecen el intercambio térmico y la evaporación. En cambio, las fibras sintéticas pueden dificultar la disipación del calor, favoreciendo el sobrecalentamiento y la sensación de humedad persistente.

Dormir sin pijama: utilidad en ambientes cálidos

En ambientes cálidos, el principal problema es la retención excesiva de calor. Las temperaturas elevadas se asocian con mayor latencia de sueño, reducción del sueño de ondas lentas y aumento de despertares nocturnos.

En este contexto, dormir sin pijama o con ropa mínima puede facilitar la disipación térmica y mejorar el confort. Sin embargo, esta práctica tiene implicaciones higiénicas: el contacto directo de la piel con la ropa de cama incrementa la transferencia de sudor, lípidos cutáneos, células epiteliales y microbiota, lo que obliga a aumentar la frecuencia de lavado de las sábanas.

Aunque la interacción entre sueño y microbiota cutánea es un campo aún poco explorado, en personas sanas su impacto clínico parece limitado.

Consideraciones en situaciones clínicas específicas

Insomnio

En pacientes con insomnio de conciliación, la termorregulación es un elemento clave. El exceso de abrigo puede interferir en la necesaria caída de la temperatura corporal, aumentando la latencia del sueño. La optimización del microclima térmico forma parte de las recomendaciones estándar de higiene del sueño.

Menopausia

En mujeres con síntomas vasomotores, los sofocos nocturnos reflejan una alteración del centro termorregulador. El uso de ropa ligera o la ausencia de pijama, junto con una adecuada ventilación, puede reducir la fragmentación del sueño, aunque no elimina los episodios.

Hiperhidrosis y sudoración nocturna

Dormir sin pijama puede mejorar la evaporación del sudor, pero aumenta la humedad en la ropa de cama. En estos casos, suele ser preferible el uso de prendas ligeras y altamente transpirables, con recambio frecuente.

Patología dermatológica

En enfermedades como la dermatitis atópica, el pijama puede ejercer un efecto protector al reducir el contacto con irritantes. Se recomiendan tejidos suaves, sin costuras agresivas y con alta transpirabilidad.

Salud urogenital

En mujeres con infecciones vulvovaginales recurrentes, dormir sin ropa interior podría favorecer la ventilación local. No obstante, la evidencia es limitada y su impacto clínico parece modesto.

Personas mayores

La menor capacidad de adaptación térmica hace recomendable mantener un entorno estable durante la noche, siendo útil el uso de pijama adecuado a la estación.1]

Más importante que el pijama: el entorno de sueño

La evidencia disponible coincide en que el factor determinante no es la presencia o ausencia de pijama en sí, sino el mantenimiento de un confort térmico estable.1,2] En este sentido, cobran mayor relevancia la temperatura del dormitorio: aproximadamente 15-20 °C (orientativo), asociado a una buena ventilación, una ropa de cama adecuada y el uso de tejidos transpirables.

Conclusión

No existe una forma universalmente superior de dormir con o sin pijama. La opción óptima es aquella que permite mantener un equilibrio térmico estable durante toda la noche, evitando tanto el sobrecalentamiento como el enfriamiento.1] Su utilidad depende de si facilita o interfiere con la disminución de la temperatura corporal nocturna.

En términos prácticos, en ambientes fríos, suele ser recomendable un pijama ligero y transpirable, y en ambientes cálidos, puede ser preferible reducir la ropa o prescindir de ella.

Desde la medicina de familia y la salud pública, este tipo de intervenciones sencillas, individualizadas y basadas en la fisiología pueden tener un impacto relevante en la calidad del sueño y, por extensión, en la salud global de la población.

Fuente: El Dr. Juan Antequera Martín-Portugués es residente de Medicina Faimilar y Comunitaria en Puertollano, coordinador adjunto del Grupo de Trabajo de salud pública SEMG, vocal de residentes Ciudad Real SEMG-CLM, coordinador adjunto del Grupo de Trabajo sostenibilidad SEMG, Grupo de Trabajo RYJE SEMG, Grupo de Trabajo respiratorio SEMG, Grupo de Trabajo cardiovascular y diabetes SEMG , Grupo de Trabajo enfermedades raras SEMG, vocal comisión investigación HSB y miembro PROA comunitario HSB.

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